Jueves 17 de diciembre 2020.
en el lugar que acostumbro a pasar un tercio de las tardes y que, confianzudamente mantenía la bicicleta sin ningún tipo de seguridad, un prestidigitador de oficio, se llevó́ el velocípedo, acto seguido, típico bajonazo, dudas existenciales, culpables por doquier y caminata de regreso nada agradable.
Viernes 18 de diciembre 2020.
Amanece soleado, con la mala costumbre de hacer las cosas legalmente, me dispongo a buscar local para poner denuncia formal, primer lugar, sin respuesta alguna, de paso, el funcionario municipal me manda a un lugar errado, segundo lugar, también equivocado me envían a un tercer y definitivo despacho, emprendo mi viaje, al atravesar la ciudad logro dar con el sitio, me atienden naturalmente de forma despectiva y especialmente desdeñoso por mi vestimenta deportiva. al entrar con usual desconfianza y tomando su armamento me hace un pequeño interrogatorio la funcionaria de la entrada.
–Epa chamo ¿Qué pasó? ¿Qué quieres? Vengo a poner una denuncia por el robo de una bicicleta. –Ok pasa y habla con el oficial de turno. voy y hablo con el susodicho el cual me recibe con profunda ironía, hace preguntas de rigor, y en el momento que creo procederemos a la toma de datos me pregunta: : chamo y ¿De dónde eres tú? Yo soy de Patarata. Mmm ¿Y por qué andas tan feo? Atónito ante aquella pregunta que me hacía el esbirro le digo: bueno, ando en una bicicleta, por lo general es incómodo tener jean y camisa, y uno acostumbra a andar con ropa deportiva. Lo cual me responde, - no vale, anda y te cambias, te pones decente, y tranquilo vienes de nuevo, nosotros te atendemos, aquí estaremos todo el día, aprovecha y terminas de entrenar yendo y viniendo de nuevo. Sin darle crédito a aquellas palabras, con sentimientos encontrados, desprecio, rabia, indignación y risa, decido dejar a la buena del Olimpo la suerte de la bici.
Al pasar media mañana recibo una llamada casi incógnita, enlaces de corrupción policial da con el paradero de la bicicleta pero lógicamente no por lo legal, funcionarios exclusivamente dedicados a evitar la corrupción dentro del cuerpo policial del estado, son los encargados del resguardo de la cicla, y claro, de asegurar que lleve el monto de la extorsión que se perpetraba, entre palabras, en la comandancia de la 30 mientras esperaba eternas horas, el funcionario me dice: si no tienes lo que quedamos aprovecha de ir a reunirlo que es temprano y tenemos que esperar al comandante, te da tiempo. Ya después de tantas indignaciones seguidas, no sabía que pensar, entre cavilaciones en el local que me encontraba esperando ¿Cómo es posible que la bicicleta siendo mía, encontrada por un organismo de seguridad dedicado a la contrainteligencia y la corrupción dentro del cuerpo policial, me estén cobrando 150$, la resguarde el comandante y el que se ha estado comunicando conmigo ha sido un oficial? Con asombro por toda aquella escena surrealista que aún digiero luego de tres horas de espera y luego de pagar la vacuna al comandante de aquel departamento de inteligencia para terminar aquel rato me dice recuerda que esto es una colaboración que tú nos estas dando por la labor de encontrar y mantener en perfecto estado. Salgo con profundo sentimiento de desgracia y risa de vivir un eterno realismo mágico, pero con la bicicleta.
Un bípedo implume.
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